miércoles, 10 de agosto de 2011

ANATOMÍA DE LA VIOLENCIA

LOS ROMANOS LLAMARON VIS PHYSICA A LA VIOLENCIA FÍSICA Y, VIS MORALIS A LA PSICOLÓGICA, PERO ¿QUÉ TANTO ESTÁN LAS SOCIEDADES MODERNAS, ALEJADAS DE ÉSTAS?

FOTO: ERNESTO Mc NALLY.




La violencia en espiral que sufren las sociedades de hoy, no es producto de acontecimientos repentinos y lejanos. Está más cerca de lo que muchos imaginan, se ubica en seno de las familias, y en el interior de cada ser humano.



Decir que la violencia es un asunto de unos pocos afectados es una falacia. Desde épocas antiguas el ser humano ha sido violento con sus congéneres. Lo reflejan así, las Sagradas Escrituras y la literatura clásica.
En este sentido, la historia no es más que una reproducción de hechos violentos, revestidos de cierta importancia, que se entremezclan con otros de relativa paz.
Quienes han estudiado la conducta violenta del individuo, argumentan de diversas formas el porqué de la violencia. Algunos la relacionan con la frustración, otros con factores genéticos o biológicos y, finalmente, a la relación de poder y a la violación de derechos, o a la educación que se recibe de la sociedad.
En Esparta, por ejemplo, se educaba a los hombres para el combate; era algo casi natural, de supervivencia, si se quiere. Ante constantes amenazas, sólo quedaba tiempo para defenderse, y los espartanos, le daban a esto prioridad.
Quizás en este último punto haya mayor consenso. El hombre, acostumbrado a dominar su entorno geográfico, también ha hecho algo similar con los de su misma especie, a través de los siglos. Generaciones de hombres y mujeres han nacido y vivido en ambientes de excesiva violencia, aunque no lo parezca; especialmente en tiempos modernos. De hecho, el pasado siglo XX, ha dejado su huella en la historia como uno de los más sangrientos. Para constatarlo, bastan las dos guerras mundiales y los miles de abortos, clandestinos o no, que se han practicado en todo el mundo.
Niceto Blázquez, autor de La dictadura del aborto, señala en su obra, que sólo desde 1970 a 1974, se calcula, murieron más niños por abortos provocados, que en nueve de las guerras sostenidas por Estados Unidos. El doctor Blázquez indica un estimado mínimo de 3.130.000 abortos realizados en el lapso citado y, esta cifra abarca únicamente a los Estados Unidos.
Por otro lado, la violencia doméstica es hoy tan común. La violencia intrafamiliar, como también se le llama, es algo cotidiano. Unas veces se expresa como amenazas, otras como una humillación; pero la sociedad la observa impávida, hasta que se producen los golpes, y un poco después, las muertes.
El asunto está revestido de importancia extrema, sobre todo cuando se cuentan las pandillas, o los niños de la calle, y aún peor, la explotación sexual comercial, otro flagelo que muestra claramente la situación actual de las familias, en un gran número, disfuncionales.
Pero en un principio, habría que mirar a lo interno del ser humano, que alejado de Dios, sólo busca en el hoy, aquello que le dicta la publicidad. Es una agenda del día, que contradice la naturaleza humana, y que da pie a un desenfreno, provocado en gran medida, por los agentes de poder; nos referimos a factores políticos y económicos.
Por eso, lo de la espiral de la violencia. Se habla de estructuras injustas, de desigualdades sociales, de países en donde los ricos cada vez son más ricos, y los pobres más pobres. Esa desigualdad se aprecia fácilmente, por ejemplo en el deporte, o en la vida pública de más de un servidor del Estado. Jugosos salarios son repartidos entre unos pocos, mientras la mayoría, a la que llaman masa, observa quizás, con el deseo de llegar a hacer lo mismo, que los supuestamente, más afortunados.
Este es un mundo cargado de contradicciones. La violencia se apoya en todos estos hechos, que técnicamente, son concebidos como factores de riesgo. La pobreza, la disfuncionalidad de las familias, la deserción escolar, la desigualdad social y la visión de un ser humano cada vez más rebajado, al que nada le importa, incluido Dios; constituyen circunstancias que contribuyen a la violencia.
Se trata de un problema de estructuras, pues no peden existir sociedades con tantas desigualdades, sin que experimenten violencia. La paz está fundamentada en otros criterios, que incluyen la justicia (legal, conmutativa, distributiva y social), la equidad, la igualdad de oportunidades, la libertad de expresión, la consolidación de la democracia y el amor; que es un elemento de vital importancia en todos los sentidos.
Ya lo señaló Cristo: “Sin mí no pueden hacer nada” (Juan 15, 5). Y sin Dios, que es el amor pleno, es lógico que persista el odio y unas sociedades marcadas por la convivencia sustentada en el hedonismo, el rencor y el egoísmo; que como se perciben, se traducen en violencia.
Un análisis de la situación de los países pobres y su vínculo con los países ricos ofrece un espectáculo dantesco. La deuda que enfrentan los primeros los hace esclavos. Cada niño que viene al mundo trae, por decirlo así, su propio endeudamiento. La otra cara es la distribución de riqueza. Mientras algunas personas tienen salarios de 10 mil dólares al mes, hay otras que como ingreso reciben lo mínimo para subsistir y hasta menos. Esto, sin mencionar la igualdad de oportunidades. El Estado como generador de utilidades, sigue las pautas de quienes gobiernan, aunque sean desfavorables para los gobernados. No hay un sistema que resuelva lo relativo al nepotismo y al tráfico de influencias, ya de por sí generadores de injusticias.
Por eso, la represión no soluciona. El contar con un guardia detrás de cada individuo tampoco. Es como tener una carie, y pretender que con el cepillado diario se soluciona el problema. Las causas de la violencia, circulan en otra dirección y de otra manera. Se habla de la Teoría del aprendizaje social, por ejemplo. El individuo aprende a ser violento y, también aprende a ser egoísta y a encubrir. La sociedad de consumo le lanza al acumular la riqueza en los graneros, a cualquier costo. El tener, es sinónimo de éxito y el que acumula, es exitoso. Es todo un sistema hipócrita y de contradicciones. La consecuencia lógica es la que se observa: una espiral de violencia.
Así, los economistas con frecuencia hablan de crecimiento económico, pero lejos de esto está el desarrollo económico. El dinero no fluye necesariamente hacia los pobres. La riqueza sigue en manos de unos pocos y la desigualdad social se agudiza. Esa realidad es visible. Sólo hay que ver los barrios marginados, las favelas, en Brasil, o los denominados guetos en Panamá.





DE LAS ESTRUCTURAS DE PODER.


Se puede pensar que el hombre ha evolucionado respecto a la concepción de los Derechos Humanos y a la visión que se tiene de la sociedad. Sin embargo, las estructuras de poder no difieren mucho de las de antaño.
Las bases sociales responden a intereses económicos y políticos, que al igual que ayer, reproducen el modelo dominante, de muchas formas y, los argumentos son limitados cuando se buscan respuestas que justifiquen la injusticia social.
Por señalar algo, las condiciones de vida de los más pobres, responden a estructuras con las que se perpetúan las circunstancias infrahumanas en la que ciertos grupos viven. La educación a la que tienen acceso los campesinos, por ejemplo, no es la misma que la que reciben los grupos más favorecidos. La justicia distributiva, en este sentido, no llega a las capas menos privilegiadas, la corrupción se lo impide; aunque existan fórmulas con las que se pretenda contrarrestar esta realidad.
Además, tenemos la influencia del ambiente y de los medios de comunicación social, aspectos de cuidado al hablar de violencia. El ambiente, por un lado, está sujeto a la clase social en la que se viva o se circule. Los medios de comunicación masiva, por otra parte, reproducen el mensaje dominante, con el que se ejerce un control social, especialmente con los grupos más desprotegidos.
Cuando se habla de control social, se alude a que el mensaje del medio nunca es neutral, siempre se busca persuadir, o la reacción esperada del receptor de la información. Se trata de un asunto estudiado en el campo de la comunicación de masas. El medio realmente le traza una agenda al destinatario del mensaje, y éste, de acuerdo con la lectura que haga, le asume como propia.
El consumismo se fundamenta en esto. La orden de compra está en casi todos los medios. Unos venden bienes y servicios, mientras que otros añaden tendencias de pensamiento o actitudes frente a la vida; e incluso, se ofrece el pan y el circo, igual que en la Roma antigua.
En este sentido, Juan de Sahún Lucas, autor de Austeridad y sociedad de consumo, afirma que el crimen y la delincuencia han existido siempre y que el hombre amoral de Grecia antigua, hacía suya la ley de la ciudad, basada en el hedonismo y la ambición, al igual que declaraba como virtud, el estar dotado de los más fuertes deseos y de la capacidad para satisfacerlos, y que además, en las sociedades modernas se asiste a un espectáculo semejante.
Todo esto se traduce en violencia estructural, centrada en la negación de necesidades (reales), y que por ende, puede ser la más nociva dentro de los tipos de violencia, ya que no se aprecia; como sucede con la violencia directa, que es visible y concreta, y que corresponde a actos de agresión.
En síntesis, el ser humano de hoy, con toda la tecnología e información a su alcance, suele ser más esclavo que nunca, lo que se traduce en una adicción a la pornografía, a lo extremo, a las drogas o al shopping, por mencionar algo. Esto, en cierta forma, representa una alienación planificada vinculada a las estructuras de poder, y que sin duda, constituye violencia estructural, que a su vez, se legitima culturalmente (violencia cultural).
Y respecto a la legitimación de la violencia, hay mucha tela que cortar. La violencia por siglos ha sido legitimada. Según el lugar y la época, la violencia se ha visto como parte de la convivencia y de la vida. En el Coliseo romano, los primeros cristianos fueron aniquilados por las bestias. La esclavitud era algo normal en la antigüedad y, algunos actos violentos, en los que se busca neutralizar al contrario a cuenta de golpes, son considerados deportes en la actualidad.
Pero la violencia se legitima no sólo en estas esferas. También se hace por medio de normas y reglamentaciones, que lejos de reflejar un beneficio a los asociados, les perjudica. Por ejemplo, aquellas concepciones contra natura, con las que en ciertos Estados se han aprobado uniones de parejas del mismo sexo. Con esto se violenta el orden moral y se afecta la institución de la familia. ¿Y qué hay de los sistemas judiciales? Los fallos de las instituciones dedicadas a velar por el respeto a las leyes, son cuestionados reiteradamente. Incluso, no dejará de ser alguno de ellos, violatorio de aquello que dice respetar.


LAS OTRAS FORMAS DE VIOLENCIA



Si se habla de violencia, está se podría clasificar en tres grupos: violencia autoinflingida, violencia interpersonal y violencia colectiva.
La violencia autoinflingida alude a la que se presenta con comportamientos suicidas, o con los que se buscan autolesiones.
La violencia interpersonal se verifica entre las personas y puede ser familiar (intrafamiliar) y la comunitaria.
Un acercamiento a la violencia intrafamiliar o doméstica, permite ubicar otros tipos, como la violencia física, la violencia patrimonial, la violencia de género, la violencia emocional y la violencia sexual.
En el caso de la violencia de género, que se produce por la visión de menosprecio que sufren las mujeres por el sólo hecho de serlo, ésta se aprecia también fuera del ámbito familiar. Se percibe muy claramente en las publicaciones, que hacen referencia a una “mujer objeto”, con la que el varón sólo busca satisfacción sexual.
La violencia colectiva abarca la social (violencia étnica, violencia religiosa, actos de terrorismo o violencia de masas), la política (guerras o violencia de Estado) y la económica (ataques económicos con fines de lucro).
En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado la violencia colectiva en: social (odio de grupos organizados, terrorismo y violencia de masas), política (guerras y violencia de Estado) y económica (ataques a la economía de uno o más Estados).
La violencia social, es de difícil definición, pues algunos aluden a la que se genera en la sociedad, producto de pandillerismo, o grupos organizados que delinquen, y en general, a la que se genera en las comunidades cotidianamente; mientras que otros la relacionan con el terrorismo, las fobias étnicas, el racismo y la violencia de masas. No obstante la clasifican como violencia colectiva.



SOLUCIONES


La búsqueda de soluciones siempre ha resultado difícil, especialmente cuando se trata de algo tan complejo como la violencia. Se puede pensar que una solución sería minimizar los factores de riesgo, como la pobreza, la desigualdad social y la disfunción en las familias; ya que familias sanas producen ciudadanos sanos, lo que se traduce en menos violencia.
Además, se alude muchas veces a los factores de protección, como coadyuvantes en que la violencia no se produzca. Un factor de protección puede ser la educación integral, o los grupos de apoyo como las organizaciones no gubernamentales, que se dedican a sacar a niños de las calles o a brindar algún beneficio a grupos vulnerables.
Un aspecto importante es el de los medios de comunicación social, cuyo rol ha de ser el de servir al ser humano y al bien común. El papel de los medios es fundamental, porque sus programaciones y los mensajes de sus programas, contribuyen a reforzar modelos de conducta, que con frecuencia están cargados violencia.
El hecho de que una pluralidad de mass media, vean en la violencia una oportunidad de lucrar a gran escala, es lo que más preocupa. Si estos medios estuvieran al servicio de la humanidad, reflejarían en menor grado la violencia, contribuirían a propagar la verdad y asumirían un papel de formadores, de orientadores y de promoción de todo el ser humano; al que buscarían favorecer, si se quisiera contrarrestar la violencia.
También, la sociedad tiene que replantear y promover nuevos modelos de conducta, que minimicen paradigmas ligados a la violencia estructural y cultural; sin descuidar lo relativo a la prevención primaria, secundaria y terciaria de la violencia directa.
Johan Galtun, en este sentido sugiere que la violencia es como un icberg, en el que en su parte visible, se ubica la violencia directa, que responde a agresiones concretas (físicas, verbales, etc.). Pero en el fondo, en la parte que no se observa, se sitúan la violencia estructural y la cultural, que legitima a la inmediatamente anterior. Para hallar solución al problema de la violencia, Galtun manifiesta que se debe actuar con los tres tipos de violencia descritos, de lo que se desprende que habría que trabajar para reducir la violencia estructural, reconocida por Galtun como la peor; y además hacer lo mismo con la violencia cultural y la violencia directa.


CITAS



"Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad".

Ef. 5, 8b-9.


"Por los caminos del mundo el divino viajero continúa haciéndose nuestro compañero".

Juan Pablo II.


¡Ay de mí si no evangelizo!

1 Cor. 9, 16.


''Ama

Sin reclamar nada, porque el amor es desinteresado.

Sin calcular desventajas, porque el amor es sacrificarse.

Sin poner condiciones, porque el amor es darse.

Sin fecha y sin espacio, porque el amor lo llena todo''.

Autor desconocido.


"El hombre ama lo que tiene, pero desconoce lo que no ama".

Ernesto B. Mc Nally C.


''Ámense los unos a los otros como yo los he amado''.

Cristo.


"Si el dinero hace mucho, la oración lo obtiene todo".

Don Bosco.


"El que confía en la Virgen nunca se verá defraudado".

Don Bosco.


"La superación no es cosa de la casualidad, representa la suma de todas nuestras acciones y del amor de Dios".

Ernesto B. Mc Nally C.

LIBROS RECOMENDADOS

  • DOCUMENTO CONCLUSIVO: APARECIDA. AUTOR (A): CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE.
  • LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, UN COMPROMISO PARA EL LAICO. AUTOR (A): EGLÉE ISAVA.
  • LA VIOLENCIA. AUTOR (A): BARTOLOMÉ SORGE

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EL SILENCIO CÓMPLICE

El silencio cómplice.
Por: Ernesto Mc Nally.

EL SILENCIO CÓMPLICE

Pareciera que las malas acciones son peores que las omisiones, pero no es así.

Una señora y su familia, algo perturbada, insultaba a los vecinos y todos los días los molestaba de alguna forma. Algunas personas de la comunidad preferían no decir ni hacer nada, hasta que el asunto un día pasó a más.
En la vida, los seres humanos realizan malas acciones, pero las omisiones, pueden ser tan graves como los actos, y en muchas ocasiones hasta peores.
De pronto, la actitud de algunos, en el caso de la señora que insultaba a sus vecinos, fue la del cómplice, la de la persona que ve las injusticias, pero no dice nada; y que prefiere guardar silencio, por no adoptar un compromiso con su fe, o no comprometerse con aquellos que sufren por las malas acciones de los demás. No es ésta una actitud cristiana.
Sucede muchas veces, como en los casos de violencia doméstica, cuando se dice: “En asuntos de marido y mujer yo no me meto”. Se da igualmente en diversas circunstancias, cuando se señala: “Ese no es mi problema”, “A mi no me importa”, “Que resuelva él” y se pasa indiferente frente a los problemas de la comunidad.
Se ve también en el campo de la política, cuando no se asume una postura responsable y se cae en una conducta que refleja aquello del “mínimo esfuerzo”. Se observa cuando la gente prefiere no hacer nada por un cambio, porque a fin de cuentas, “todos los políticos son iguales”.
Se llaman “pecados de omisión”, tan graves como los pecados que implican una acción de las personas, aunque no se noten; y son, en muchas formas, omisiones que se traducen en “el silencio cómplice”, que permite realizar sus fechorías a quienes practican el mal.


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