martes, 9 de febrero de 2010

CARDENAL ÓSCAR RODRÍGUEZ MARADIAGA: “EL CRISTIANISMO ES, SOBRE TODO, UN NUEVO HUMANISMO, BASADO EN CRISTO…”




El padre Óscar Rodríguez Blanco, rector de la Basílica Menor Don Bosco (primero a la izquierda), junto al cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga (al centro), y un grupo de ex alumnos del Hospicio Don Bosco, poco después de develar una placa conmemorativa a los 100 años de la fundación de dicha institución en Panamá; durante las festividades de la novena a San Juan Bosco, en la capital panameña.





El cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga estuvo en Panamá, como predicador de la novena a San Juan Bosco, y en esta ocasión se refirió a la vida espiritual, al Año Sacerdotal, a la labor de Cáritas internacional en Haití y a la situación de Honduras.


El cardenal y arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, Óscar Rodríguez Maradiaga visitó nuevamente Panamá, con motivo de la novena a San Juan Bosco, y se refirió a diversos temas.
Con una agenda copada de actividades, el Cardenal incluyó una pasadita por la Diócesis de Chitré, en Herrera, para compartir con los jóvenes allí reunidos. El Purpurado tuvo tiempo, durante su estadía en Panamá, de hablar con la prensa sobre el trabajo de Cáritas Internacional, institución que preside; y de la situación en Honduras. Sin embargo, el plato fuerte lo constituyeron sus homilías relativas a la vida espiritual, tema de la novena en honor del patrón de la juventud, Don Bosco.
Hoy, con 66 años a cuestas, el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga es considerado como un hombre que ha trabajado por los menos favorecidos.
A los 16 años ingresó a la Congregación Salesiana, según él mismo señaló en sus “confesiones”, dadas a la agencia de noticias ZENIT.
Al joven Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga le ordenaron sacerdote en 1970. Después sus superiores le enviaron a estudiar Teología Moral, en Roma, y Psicología Clínica en
Innsbruck, Austria. Probablemente ésta sea la razón por la que habla varios idiomas, incluidos: el alemán, el italiano, el francés, el portugués, el inglés y, naturalmente, el español, su idioma materno.
El cardenal Rodríguez Maradiaga conoce de los sufrimientos que trae la vida, pero se manifiesta optimista y alegre, dos cualidades de los salesianos. Desde los diez años sufrió de asma, pero gracias a la Virgen Auxiliadora, un 24 de mayo de 1967, se le quitó.
Luego, ya nombrado obispo, y como Administrador Apostólico de la Diócesis de Santa Rosa de Copán, en su natal Honduras, en una zona limítrofe con El Salvador y Guatemala, tuvo que hacer frente a la situación de los desplazados a causa de la guerrilla, que como el propio Cardenal señala, sólo de El Salvador eran 20 mil. Su labor humanitaria le trajo consecuencias en ese entonces, pues, los militares le acusaron de apoyar a la guerrilla. Eran momentos difíciles y Monseñor, sencillamente, tenía que atender a los refugiados; había que buscarles comida.
Al “Cardenal de los Pobres”, como le han llamado a Rodríguez Maradiaga, le han otorgado distintos reconocimientos, precisamente por su afán por los más necesitados. La Universidad de Panamá le dio uno de los pocos doctorados Honoris Causa, que este centro de estudios superiores ha expedido. En aquella ocasión el reconocimiento fue concedido por la trayectoria del Prelado, sobre todo, por el marcado interés del Arzobispo de Tegucigalpa, para que los países más industrializados condonaran la deuda de los países más pobres del mundo; cosa por la que el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga ha luchado.
Gracias a esto, el 15 de junio de 2005, durante la Cumbre de Green Eagels, en Escocia, se condonó la deuda de 18 de los países más pobres del orbe. 15 de estas naciones, son africanas. Y en este sentido, en una oportunidad, Óscar Rodríguez Maradiaga señaló al rotativo El Clarín de Argentina: “Estoy convencido de que en el mundo, pero en especial en nuestro continente, la deuda es una deuda de justicia social”.
En esta ocasión, La République pudo conversar con el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, algunos minutos después de su homilía del último día de la novena a San Juan Bosco, en un lugar reservado, cerca de la sacristía, en la Basílica Menor Don Bosco, en Ciudad de Panamá, y esto fue lo que dijo:
Periodista: Nos encontramos con el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga…Cardenal… Tengo entendido que usted hizo unas confesiones y el Boletín Salesiano las publicó. ¿Usted sufrió de asma?
Cardenal: (Sentado en un sillón, en el interior de la Basílica Menor Don Bosco, en Ciudad de Panamá) Así es, desde los diez años sufrí de asma, hasta los 24. Fueron 14 años bien difíciles y un buen día la Virgen Auxiliadora, un 24 de mayo del año 1967, la Madre del Cielo me curó.
Periodista: Usted, según esas confesiones estuvo en una zona, una diócesis que era limítrofe con Guatemala…Eh…Tuvo algunas dificultades. ¿En qué consistieron?
Cardenal: Bueno, quiero decirle que fui Administrador Apostólico de la Diócesis de Santa Rosa de Copán durante tres años. Eran tiempos, tan difíciles, porque en El Salvador había guerrilla; en Guatemala había una guerrilla, y siendo limítrofes, teníamos… Sólo de El Salvador eran 20 mil refugiados, que estaban como en campos de concentración. Teníamos que atenderlos, teníamos que buscarles la comida. Y por eso, muchas veces, éramos mal vistos por las autoridades militares, que nos acusaban de que nosotros apoyábamos la guerrilla. Nosotros estábamos ayudando al que estaba sufriendo.
Periodista: El tema de la novena. ¿Usted lo escogió?
Cardenal: Lo escogí yo, porque como me ha tocado predicar varias veces la novena de Don Bosco, estoy convencido que Don Bosco es como un diamante de muchas caras. Es como una perla preciosa que brilla según el ángulo desde el cual enfoquen su vida. Y entonces pensé: es necesario, ahora que van a comenzar otra década del siglo XXI, que podamos cada uno pensar en la propia vida espiritual, inspirándose en la espiritualidad de Don Bosco.
Periodista: Usted vino, cero que en el 2008, y recibió un Honoris Causa de parte de la Universidad de Panamá, pero en su discurso usted habló sobre el nuevo humanismo, que el Evangelio es el nuevo humanismo para Latinoamérica. Y más adelante citó a Chesterton. Dijo que Chesterton afirmaba que el cristianismo es el único sistema que no ha fracasado, porque es el único que no se ha aplicado. ¿Tiene esto, algo que ver con el tema de la novena, que es la vida espiritual?
Cardenal: Lógicamente, porque muchas veces la gente piensa que el cristianismo es sólo hacer algunas determinadas prácticas de piedad; y el cristianismo, sobre todo, es un nuevo humanismo, basado en Cristo, que es el hombre perfecto, que es el Hijo de Dios, hecho hombre, y que se vuelve prototipo para cada uno de nosotros. Estamos llamados a ser como Cristo. Estamos llamados a la perfección y a la santidad. Esa es la calidad total del ser humano. Y por esa razón es muy conveniente que siempre tengamos tras nuestros ojos, este mensaje de un nuevo humanismo. Y como decía Chesterton, con su fina ironía, nos decía: “Es que el cristianismo está sin estrenar, no ha sido aplicado”, a pesar de que llevamos 21 siglos.
Don Bosco es alguien que supo aplicar el humanismo cristiano, haciendo a sus jóvenes, animándolos para que fueran santos, para que fueran perfectos. Y así, cuántos niños no llevó a la santidad. Algunos que están canonizados, como Santo Domingo Savio, como la beata Laura Vicuña; pero tantísimos otros que murieron en el Oratorio, con olor de santidad, y que allí están como corona de Don Bosco y del sistema preventivo.
Periodista: En esta novena se ha hablado de la oración. ¿Cuál es la importancia de la oración en la vida espiritual?
Cardenal: Si, efectivamente, porque muchas veces nosotros pensamos que la oración es ir a pedirle a Dios ciertos favores, como quien va, les decía yo, a un supermercado, con la lista de compra: necesito esto, necesito lo otro. No la oración es la respiración del alma. La oración es escuchar a Dios en nuestra vida, porque Él vive dentro de nosotros. Cuando San Pablo dice: “Para mi la vida es Cristo”, no está diciendo ninguna metáfora. Está diciendo lo que él vive. “Cristo vive en mí”, y por consiguiente, yo escucho su Palabra. Escucho lo que Él me dice y, entrar en contacto con Él es orar.
Periodista: Usted también habló sobre la Palabra de Dios. ¿Cuál es la importancia de la Palabra de Dios en la vida espiritual?
Cardenal: Sí, porque, así como la vida natural necesita alimentos, nosotros tenemos que comer al menos tres tiempos durante el día, porque sino desfallecemos, no tenemos ánimo para trabajar; así también el alma necesita alimento y, el alimento del alma es la Palabra de Dios y el Pan de Vida. La Palabra de Dios y la Santa Eucaristía.
Por eso la Santa Misa es importante, es la dosis diaria que Dios nos propone de Palabra de Dios. Y cada día debemos irnos comprometiendo mejor para alimentarnos de ella. Y si no podemos participar en la Misa todos los días, la Madre Iglesia nos entrega el calendario litúrgico para que en la casa podamos leer las lecturas que tocan el día y, así no quedarnos sin el alimento.
Además, existe hoy en día la Lectio Divina, que es verdaderamente lo que nos capacita para…Eh…Poder entender cada día más y amar cada día más la Palabra.
Periodista: Usted hizo relación a la tomografía. Que nosotros teníamos que hacernos una tomografía para ver cómo estaba nuestra relación con Dios; más o menos.
Cardenal: Efectivamente, a veces pensamos: yo soy buen cristiano, porque no mato, no robo; porque yo voy a Misa todos los domingos y, punto. Pero, es que ser cristiano no es solamente eso. No es solamente quedarnos en la superficie. Es tener, como dice San Pablo, los mismos sentimientos de Cristo. Es ser otro Cristo; es cada día, configurarnos con Él, casi como dicen hoy día en el lenguaje de la informática: formatearnos. Dejar que Cristo nos formatee, para que podamos ser auténticos cristianos y, entonces, eso quiere decir entrar en profundidad; así como la tomografía va haciendo una radiografía por capitas; así deberíamos hacer para llegar hasta el fondo en la profundidad de nuestra vida espiritual.
Periodista: Sobre la familia…¿Qué nos podría decir?
Cardenal: La familia es la clave para la vida espiritual. Don Bosco llegó a ser santo, porque tuvo una madre santa. Una madre que lo educó desde pequeño. Hemos visto en la novena, cuántos ejemplos preciosos de una madre que no desperdiciaba ocasión para educar a sus hijos en la fe, de una manera sencilla. Ella era analfabeta, y sin embargo, le hacía aprenderse a sus hijos, versículos de la Biblia, de memoria; porque ella misma los sabía de memoria. Y Don Bosco llegó a desarrollar tal capacidad, que para atraer a los niños a la catequesis , cuando él mismo era niño, se reunía en las plazas, hacía algún juego de prestidigitación o de magia, y después les repetía de memoria el sermón que el párroco había dado en la Misa. Eso es un sentido de Dios que la mamá supo educar. Cualquiera hubiera dicho: la familia de Don Bosco es una familia handicap; es una familia con límites, porque, como murió el papá, pobrecito, es un huerfanito; no tuvo capacidad de desarrollarse en la madurez. ¡Que va! Mamá Margarita con su analfabetismo era una persona santa y supo hacer de papá y mamá para educar a sus hijos.
Periodista: Eh…¿Nos podría hablar algo sobre los enemigos de la vida espiritual? Creo que en una de sus homilías usted también se refirió a las visitas al Santísimo y la confesión, algo así.
Cardenal: Sí, efectivamente, veo que usted aprovechó esta novena, pero al 100 por ciento, y lo felicito.
Efectivamente, la vida espiritual es un cultivo y si sabemos alimentarla con la Palabra y la Santa Eucaristía, se va fortaleciendo, va creciendo. No nos olvidemos de lo que dice el Evangelio, que el niño Jesús creció en edad, en sabiduría y en gracia; y por consiguiente, también tener tiempo para orar delante del Santísimo, es otro alimento muy fuerte para el alma. Don Bosco quería esto y nos animaba. A veces pasamos delante de un templo y hacemos una señal de la cruz; a veces mal hecha, casi como un garabatito, pero lo más importante es que podamos entrar. Dediquémosle una visita a Jesús Sacramentado; así como visitamos a nuestros amigos; como visitamos a nuestras familias, a nuestros parientes; visitar también al Señor Jesús.
En segundo lugar, claro que hay enemigos de la vida espiritual. El enemigo principal es el pecado. Hoy hemos hablado de eso, porque de nada nos serviría toda la novena, si no nos fortalecemos; si no pensamos y tomamos un propósito firme, de no dejar entrar el pecado en nuestra vida. El pecado es como un huracán, viene y destruye y arrasa y acaba con todo aquello que se está edificando. El pecado no es una simple travesura. Hoy día el mundo quiere eliminar el sentido del pecado, pero eso es el peor disparate. Tenemos que hacer lo posible para luchar contra el pecado, principal enemigo.
El segundo enemigo es la superficialidad. Quedarnos en la superficie de todo; no querer ser personas con raíces en la vida espiritual y, lógicamente el enemigo del alma, el demonio que siempre conspira para hacernos perder la gracia de Dios.
Periodista: Usted también ha hablado en la novena, sobre la muerte. ¿Qué nos puede decir sobre la muerte?
Cardenal: Bueno, que en general, usted ve que la gente tiene miedo de hablar de la muerte; le tiene pánico. Hay gente tan supersticiosa, que cuando por alguna circunstancia cae en la conversación: “Fíjense que fulano murió”. ¡Ay no, toquen madera, no hablen de eso! Eh…¿Por qué? Porque hay pánico, y esa es una actitud equivocada. Fíjense que lo único cierto es que vamos a morir. Todos, todos, todos. Y la muerte ahí la encontramos, cada día. Y no le queremos prestar atención. Y la muerte es una etapa, es un paso, no es la destrucción definitiva; pero claro, cuando no hay fe, no hay ninguna explicación frente a la muerte de un ser querido, de un familiar, de un amigo; entonces, muchas veces la gente se derrumba, la gente cae en depresiones horribles.
¿Por qué razón? Porque no está preparada. Don Bosco, que era un gran educador, supo educar a sus jóvenes en el ejercicio de la buena muerte, en prepararse en paz y alegría, para que cuando llegue ese momento estemos preparados para el encuentro con el Señor.
Periodista: Tenemos una preguntita. También se ha mencionado a Pablo, Timoteo y Tito; inclusive se habló de las lágrimas derramadas por Timoteo a la despedida con San Pablo. ¿Podría decirnos algo sobre eso?
Cardenal: Sí, eso está diciendo, en primer lugar, cómo San Pablo llegó a amar a sus colaboradores. San Pablo fue, un obispo, una especie de obispo, porque él imponía las manos a sus colaboradores; así como se hace en la ordenación sacerdotal o episcopal. Y entonces, San Pablo sabía que tenía que dar su vida como mártir por el Señor Jesús…Y así él no tenía…Pero, claro, humanamente sentía despedirse de sus seres queridos.
También nosotros como humanos, muchas veces tendremos que derramar lágrimas. No nos debemos avergonzar, si son lágrimas de amor. El Señor Jesús también lloró frente a Jerusalén; lloró ante la tumba de su amigo Lázaro, así que él cristiano también es capaz, también, de llegar hasta el llanto.
Periodista: Sobre el Año Sacerdotal… ¿Qué nos puede decir?
Cardenal: Me parece que es una iniciativa preciosa del papa Benedicto XVI. Es una gracia especial y está dando frutos enormes. Precisamente ayer leía yo que se reunieron, si mal no recuerdo, 5 mil sacerdotes en un retiro espiritual en Filipinas. Yo estuve recientemente, antes de venir aquí, en un congreso sacerdotal, en México, donde estaban reunidos 400 sacerdotes. Es…Eh…Un momento de gracia que está dando frutos preciosos y esperamos, con toda ilusión, la clausura del Año Sacerdotal, que va a ser el 11 y 12 de junio de este año.
Periodista: Usted estuvo en un retiro de jóvenes en Chitré. ¿Qué le pareció?
Cardenal: Me dio una esperanza y una alegría enorme. Yo fui invitado muchas veces por el padre Segundo Cano, que Dios lo tenga en la Gloria, y nunca podía aceptar, porque mi agenda estaba llena, y ahora que tuve la oportunidad, ya él nos acompaña desde el Cielo; pero yo quiero decirles que no dejen esto. Al contrario, ojalá se pudiera multiplicar en todas las diócesis. Son momentos de gracia. Esos jóvenes no estaban ahí, ni para buscar cerveza, ni para buscar disco, ni para buscar ninguno de los pasatiempos que hoy día tienen. Estaban para encontrarse con Jesús. Y estaban sentados en el suelo, o tenían que dormir con incomodidades, y todo; pero por amor al Señor estaban dispuestos a seguirlo. Yo me sentí, sumamente contento.
Periodista: ¿Con el terremoto de Haití, que está haciendo Cáritas, que ha hecho o qué va a hacer?
Cardenal: En primer lugar, se han suscitado cooperaciones en todo el mundo, porque Cáritas está en 162 países, y todos están aportando. Inmediatamente después del terremoto, se desplazó el equipo de emergencia, formado por voluntarios de Cáritas de varios países. El sacerdote que está coordinando es el secretario de Cáritas América Latina. Es un sacerdote de apellido Sandoval, de México. Él voló inmediatamente a Haití, en un avión de México que llevaba ayudas, y están coordinando.
En segundo lugar se está pensando ya en la reconstrucción de Haití; porque lógicamente, fíjense que ahora acaba de pasar una tragedia en Perú, y entonces la atención del mundo se va desplazando y el peligro es que una vez pasada la emergencia de Haití, quede otra vez abandonada. Cáritas quiere seguir adelante y acompañar a Haití para su reconstrucción, por los años que sea necesario.
Periodista: ¿Desea agregar algo más, ya como despedida?
Cardenal: Está muy bien. Solamente quiero agradecer a Panamá, esa recepción tan cariñosa que me han hecho, y pido al Señor, por intercesión de Don Bosco, que Panamá siga creciendo en la democracia, en la justicia, en el amor.
Quiero agradecer al Gobierno de Panamá, porque fue el primer gobierno que apoyó a Honduras, frente a la gran injusticia de la OEA, que fue bloquearnos sin escucharnos; condenar a nuestro país, sin escucharlo absolutamente. Panamá fue la primera mano amiga, que nos tendió la mano; aún, aunque muchos otros países lo criticaron. Esto es verdaderamente amistad y cariño. Estaremos eternamente agradecidos con Panamá.

CITAS



"Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad".

Ef. 5, 8b-9.


"Por los caminos del mundo el divino viajero continúa haciéndose nuestro compañero".

Juan Pablo II.


¡Ay de mí si no evangelizo!

1 Cor. 9, 16.


''Ama

Sin reclamar nada, porque el amor es desinteresado.

Sin calcular desventajas, porque el amor es sacrificarse.

Sin poner condiciones, porque el amor es darse.

Sin fecha y sin espacio, porque el amor lo llena todo''.

Autor desconocido.


"El hombre ama lo que tiene, pero desconoce lo que no ama".

Ernesto B. Mc Nally C.


''Ámense los unos a los otros como yo los he amado''.

Cristo.


"Si el dinero hace mucho, la oración lo obtiene todo".

Don Bosco.


"El que confía en la Virgen nunca se verá defraudado".

Don Bosco.


"La superación no es cosa de la casualidad, representa la suma de todas nuestras acciones y del amor de Dios".

Ernesto B. Mc Nally C.

LIBROS RECOMENDADOS

  • DOCUMENTO CONCLUSIVO: APARECIDA. AUTOR (A): CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE.
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  • LA VIOLENCIA. AUTOR (A): BARTOLOMÉ SORGE

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EL SILENCIO CÓMPLICE

El silencio cómplice.
Por: Ernesto Mc Nally.

EL SILENCIO CÓMPLICE

Pareciera que las malas acciones son peores que las omisiones, pero no es así.

Una señora y su familia, algo perturbada, insultaba a los vecinos y todos los días los molestaba de alguna forma. Algunas personas de la comunidad preferían no decir ni hacer nada, hasta que el asunto un día pasó a más.
En la vida, los seres humanos realizan malas acciones, pero las omisiones, pueden ser tan graves como los actos, y en muchas ocasiones hasta peores.
De pronto, la actitud de algunos, en el caso de la señora que insultaba a sus vecinos, fue la del cómplice, la de la persona que ve las injusticias, pero no dice nada; y que prefiere guardar silencio, por no adoptar un compromiso con su fe, o no comprometerse con aquellos que sufren por las malas acciones de los demás. No es ésta una actitud cristiana.
Sucede muchas veces, como en los casos de violencia doméstica, cuando se dice: “En asuntos de marido y mujer yo no me meto”. Se da igualmente en diversas circunstancias, cuando se señala: “Ese no es mi problema”, “A mi no me importa”, “Que resuelva él” y se pasa indiferente frente a los problemas de la comunidad.
Se ve también en el campo de la política, cuando no se asume una postura responsable y se cae en una conducta que refleja aquello del “mínimo esfuerzo”. Se observa cuando la gente prefiere no hacer nada por un cambio, porque a fin de cuentas, “todos los políticos son iguales”.
Se llaman “pecados de omisión”, tan graves como los pecados que implican una acción de las personas, aunque no se noten; y son, en muchas formas, omisiones que se traducen en “el silencio cómplice”, que permite realizar sus fechorías a quienes practican el mal.


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