jueves, 30 de octubre de 2008

LA FAMILIA: ¿UNA INSTITUCIÓN AMENAZADA?

La familia constituye el núcleo de toda sociedad, se decía muchos años atrás. Hoy este núcleo se pretende cambiar, conforme a criterios hedonistas, que atentan contra la propia existencia de las comunidades.


¡Amenazada! Y pareciera de muerte. Así se encuentra la principal célula de las sociedades modernas, la familia.
Desde los tiempos más remotos, la familia ha tenido un papel social que cumplir. En un inicio, la familia era tribal, y tenía asignada las tareas de brindar apoyo, protección y la de realizar el trabajo.
En Roma, el Estado reconoció la preponderancia del papel de la familia, en función de la procreación. Hijos sanos y fuertes, eran importantes para la consolidación del Imperio.
En el Medioevo, la situación era parecida. La familia constituía una unidad básica de vida, en lo religioso, en el trabajo y en lo relativo a la protección, la educación y el apoyo a sus miembros.
Luego vino la Revolución Industrial, y tales funciones sociales fueron desplazadas. El trabajo se trasladó a las fábricas, el ser humano se apartó un tanto más de lo espiritual, para pensar en lo material; y la educación se afectó, en favor de la producción de bienes.
En las sociedades de hoy día, el traslado de roles ha seguido su caminar. La madre y el padre, casi no ven a sus hijos, que en cualquier cantidad de casos son cuidados por las abuelas o por el servicio doméstico; y cuando no, pasan a las calles, donde aprenden a sobrevivir.
Es el clásico vaivén de la humanidad, enredado entre lo económico, lo político y lo social; al margen de lo moral. Así, pues, la familia está amenazada, frente a corrientes o ideologías, que le impiden asumir el papel de formación integral, y de apoyo y protección, que por naturaleza, le ha sido confiado.

UNA NUEVA AMENAZA

Producto del avance tecnológico, el mundo se ha reducido a lo que Marshall Mc Luhan denominó Aldea Global. En ésta, la cultura dominante ha sido asimilada sin dificultad alguna, de forma que el ser humano ha asumido un estilo de vida vertiginoso, con lo que la interacción entre padres e hijos se ha hecho más difícil.
La diferencia entre generaciones, sencillamente es abismal. Hoy es el microchip y la capacidad de memoria de los ordenadores, aunado a la Internet y a la telefonía celular. Ayer fue la máquina de escribir, la radio y la televisión. El chico del presente tiene en las manos al mundo, con toda la amalgama de perdición que éste le puede entregar, en cuestión de segundos.
Hoy día, se les enseña a las personas, que la felicidad recide en "el tener"; y cuando se habla de "tener", no sólo se alude a lo material. También entran los servicios, o los "cuasi servicios". Por eso se piensa, que hasta el "amor" se puede comprar; percepción, totalmente equivocada.
Obviamente, las parejas acostumbradas al consumo, y a que la felicidad implica un "tener"; al afrontar momentos con dificultades económicas, y no poder disfrutar de un "ambiente cónsono con sus aspiraciones", fracasan.
Aquí entra nuevamente la importancia de la administración de la información, pues, los modelos de conducta reproducidos, no corresponden a los patrones de la cultura ideal. Se trata de ver la vida de una manera simplista, acomodada a conceptos aberrantes de "modernismo".
Así, se abren nuevos horizontes respecto al concepto familia, con lo que se intenta legitimar la unión de homosexuales, como sinónimo del desarrollo social. Nada más equivocado.
Algo parecido sucede con la familia ensamblada o stepfamily, en la que los cónyuges provienen de matrimonios o uniones anteriores. En siglos pasados, este tipo de familia se originaba frecuentemente, por razón de las guerras y la alta mortalidad.
Este fue el caso de la Francia del siglo XVI. Sin embargo, en la actualidad, la familia ensamblada se presenta mayormente, a consecuencia de las nuevas relaciones de pareja, después de los divorcios y de la ruptura de uniones de hecho, como si Dios no existiera.
De esta forma, la familia no puede estar menos que amenazada. Lastimosamente, la amenaza es de muerte.

CITAS



"Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad".

Ef. 5, 8b-9.


"Por los caminos del mundo el divino viajero continúa haciéndose nuestro compañero".

Juan Pablo II.


¡Ay de mí si no evangelizo!

1 Cor. 9, 16.


''Ama

Sin reclamar nada, porque el amor es desinteresado.

Sin calcular desventajas, porque el amor es sacrificarse.

Sin poner condiciones, porque el amor es darse.

Sin fecha y sin espacio, porque el amor lo llena todo''.

Autor desconocido.


"El hombre ama lo que tiene, pero desconoce lo que no ama".

Ernesto B. Mc Nally C.


''Ámense los unos a los otros como yo los he amado''.

Cristo.


"Si el dinero hace mucho, la oración lo obtiene todo".

Don Bosco.


"El que confía en la Virgen nunca se verá defraudado".

Don Bosco.


"La superación no es cosa de la casualidad, representa la suma de todas nuestras acciones y del amor de Dios".

Ernesto B. Mc Nally C.

LIBROS RECOMENDADOS

  • DOCUMENTO CONCLUSIVO: APARECIDA. AUTOR (A): CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE.
  • LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, UN COMPROMISO PARA EL LAICO. AUTOR (A): EGLÉE ISAVA.
  • LA VIOLENCIA. AUTOR (A): BARTOLOMÉ SORGE

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EL SILENCIO CÓMPLICE

El silencio cómplice.
Por: Ernesto Mc Nally.

EL SILENCIO CÓMPLICE

Pareciera que las malas acciones son peores que las omisiones, pero no es así.

Una señora y su familia, algo perturbada, insultaba a los vecinos y todos los días los molestaba de alguna forma. Algunas personas de la comunidad preferían no decir ni hacer nada, hasta que el asunto un día pasó a más.
En la vida, los seres humanos realizan malas acciones, pero las omisiones, pueden ser tan graves como los actos, y en muchas ocasiones hasta peores.
De pronto, la actitud de algunos, en el caso de la señora que insultaba a sus vecinos, fue la del cómplice, la de la persona que ve las injusticias, pero no dice nada; y que prefiere guardar silencio, por no adoptar un compromiso con su fe, o no comprometerse con aquellos que sufren por las malas acciones de los demás. No es ésta una actitud cristiana.
Sucede muchas veces, como en los casos de violencia doméstica, cuando se dice: “En asuntos de marido y mujer yo no me meto”. Se da igualmente en diversas circunstancias, cuando se señala: “Ese no es mi problema”, “A mi no me importa”, “Que resuelva él” y se pasa indiferente frente a los problemas de la comunidad.
Se ve también en el campo de la política, cuando no se asume una postura responsable y se cae en una conducta que refleja aquello del “mínimo esfuerzo”. Se observa cuando la gente prefiere no hacer nada por un cambio, porque a fin de cuentas, “todos los políticos son iguales”.
Se llaman “pecados de omisión”, tan graves como los pecados que implican una acción de las personas, aunque no se noten; y son, en muchas formas, omisiones que se traducen en “el silencio cómplice”, que permite realizar sus fechorías a quienes practican el mal.


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