viernes, 26 de agosto de 2016

REALIDAD DE PANAMÁ Y LO QUE QUEREMOS




VISTA DE LA CINTA COSTERA, EN CIUDAD DE PANAMÁ.
Foto: Ernesto B. Mc Nally C.







Entre el infierno y el cielo. Así es la realidad panameña, tan contrastada que pareciera ironía.
Por un lado la opulencia excesiva y, por el otro, una miseria extrema. El Panamá de hoy también contrasta con el que queremos, que riñe en todo sentido con lo que se ve y promueve en el país: la cultura del hedonismo, del liberalismo, del consumismo y del materialismo. 
El Panamá que queremos es con justicia social y legal; con una población sana, en lo espiritual,  en  lo físico, en lo mental, en lo social y  en  lo político. La nuestra, es una colectividad permeable, en la que todo es posible, y que con harta frecuencia, tiende a alejarse de Dios, y de todo aquello que la vincule al Creador.
Y si de la violencia se trata, pues, está a la orden del día. Parece iniciar en la familia, tan disfuncional, que ya es costumbre. Y sí, es un flagelo del que poco o nada se sale, aunque las cifras muestren disminución. La realidad aparenta perpetuarse, se hace común, sobre todo para los más jóvenes, que ven a Panamá, cargado de rojo, de desigualdad, de injusticia, de inseguridad.
La Panamá que queremos alude al bien común, a una nueva institucionalidad; conforme a los valores morales,  la superación  del ser humano y,  al  Estado eficiente y democrático.
¿Cómo luchar contra la pobreza espiritual, la miseria, la inmoralidad y la injusticia, cuando se encuentran vigentes las estructuras de poder, que las causan?
La tarea del cambio no es fácil, porque la cultura del egoísmo y del juega vivo se encuentra demasiada arraigada; sin embargo, bien vale la pena. Aquí, aquella frase que reza: “El amor  de Dios lo supera todo”, cobra relevancia. Con Dios somos invencibles.
Lo último que se pierde - dicen por allí -, es la esperanza. Bueno, con la firme esperanza de un mejor futuro hay que poner el mejor esfuerzo.

CITAS



"Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad".

Ef. 5, 8b-9.


"Por los caminos del mundo el divino viajero continúa haciéndose nuestro compañero".

Juan Pablo II.


¡Ay de mí si no evangelizo!

1 Cor. 9, 16.


''Ama

Sin reclamar nada, porque el amor es desinteresado.

Sin calcular desventajas, porque el amor es sacrificarse.

Sin poner condiciones, porque el amor es darse.

Sin fecha y sin espacio, porque el amor lo llena todo''.

Autor desconocido.


"El hombre ama lo que tiene, pero desconoce lo que no ama".

Ernesto B. Mc Nally C.


''Ámense los unos a los otros como yo los he amado''.

Cristo.


"Si el dinero hace mucho, la oración lo obtiene todo".

Don Bosco.


"El que confía en la Virgen nunca se verá defraudado".

Don Bosco.


"La superación no es cosa de la casualidad, representa la suma de todas nuestras acciones y del amor de Dios".

Ernesto B. Mc Nally C.

LIBROS RECOMENDADOS

  • DOCUMENTO CONCLUSIVO: APARECIDA. AUTOR (A): CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE.
  • LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, UN COMPROMISO PARA EL LAICO. AUTOR (A): EGLÉE ISAVA.
  • LA VIOLENCIA. AUTOR (A): BARTOLOMÉ SORGE

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EL SILENCIO CÓMPLICE

El silencio cómplice.
Por: Ernesto Mc Nally.

EL SILENCIO CÓMPLICE

Pareciera que las malas acciones son peores que las omisiones, pero no es así.

Una señora y su familia, algo perturbada, insultaba a los vecinos y todos los días los molestaba de alguna forma. Algunas personas de la comunidad preferían no decir ni hacer nada, hasta que el asunto un día pasó a más.
En la vida, los seres humanos realizan malas acciones, pero las omisiones, pueden ser tan graves como los actos, y en muchas ocasiones hasta peores.
De pronto, la actitud de algunos, en el caso de la señora que insultaba a sus vecinos, fue la del cómplice, la de la persona que ve las injusticias, pero no dice nada; y que prefiere guardar silencio, por no adoptar un compromiso con su fe, o no comprometerse con aquellos que sufren por las malas acciones de los demás. No es ésta una actitud cristiana.
Sucede muchas veces, como en los casos de violencia doméstica, cuando se dice: “En asuntos de marido y mujer yo no me meto”. Se da igualmente en diversas circunstancias, cuando se señala: “Ese no es mi problema”, “A mi no me importa”, “Que resuelva él” y se pasa indiferente frente a los problemas de la comunidad.
Se ve también en el campo de la política, cuando no se asume una postura responsable y se cae en una conducta que refleja aquello del “mínimo esfuerzo”. Se observa cuando la gente prefiere no hacer nada por un cambio, porque a fin de cuentas, “todos los políticos son iguales”.
Se llaman “pecados de omisión”, tan graves como los pecados que implican una acción de las personas, aunque no se noten; y son, en muchas formas, omisiones que se traducen en “el silencio cómplice”, que permite realizar sus fechorías a quienes practican el mal.


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