lunes, 20 de abril de 2009

¿A QUIÉN BUSCÁIS ENTRE LOS MUERTOS?


Aquella mañana, las mujeres que se acercaron al sepulcro, en donde habían colocado el cuerpo de Jesús, vieron que la piedra de la entrada había sido movida…

La narración es hartamente conocida. El evangelista Lucas lo cuenta sin dar tantos detalles como San Marcos o San Mateo, pero lo importante resulta la noticia. Jesús, que fuera puesto en manos de pecadores, y clavado en la cruz hasta su muerte, ha resucitado.
Era la mañana del primer día de la semana, cuando unas mujeres se dirigieron al sepulcro donde habían puesto el cuerpo del Maestro, pero al llegar al sitio, encontraron removida la piedra que cubría la entrada. Sintieron miedo - como puede ser lógico -, y escucharon la voz del ángel que les daba la buena nueva: “Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el que fue crucificado. Resucitó”.
Y como lo indica el Evangelio (Mt 28, 8-9), aquellas mujeres experimentaron también una alegría. Regocijo, que hoy día, se ha transformado en el jubilo de millones de cristianos en todo el planeta. Sí, ha resucitado, y esto se traduce en esperanza.
Así, los seres humanos tenemos algo más que una simple alegría, en un mundo marcado por el sufrimiento, a consecuencia de guerras o violencia; o por la intolerancia o la pobreza, producto del egoísmo y la falta de justicia; o por la marginación de millones de personas, que no encuentran oportunidades para superarse en la vida; y en fin, por tantos desaciertos como resultado de la incredulidad y de los intereses alejados del bien común.
Pero, Jesús no se deja ganar. Mira, Cristo ha vencido al pecado y a la muerte y, como sucedió aquella mañana con la noticia del ángel, se nos adelanta; he allí que está tocando tu puerta; si lo oyes y le dejas pasar a tu corazón, tu vida será otra; seguramente con turbulencias, porque “el discípulo no puede ser más que el Maestro”, pero como dice monseñor Rómulo Emiliani, “con Dios somos invencibles”.
Por eso, les dejamos con lo anunciado por el ángel a aquellas mujeres, en la mañana del primer día de la semana, cuando se dirigían al sepulcro: “Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el que fue crucificado. Resucitó.”

CITAS



"Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad".

Ef. 5, 8b-9.


"Por los caminos del mundo el divino viajero continúa haciéndose nuestro compañero".

Juan Pablo II.


¡Ay de mí si no evangelizo!

1 Cor. 9, 16.


''Ama

Sin reclamar nada, porque el amor es desinteresado.

Sin calcular desventajas, porque el amor es sacrificarse.

Sin poner condiciones, porque el amor es darse.

Sin fecha y sin espacio, porque el amor lo llena todo''.

Autor desconocido.


"El hombre ama lo que tiene, pero desconoce lo que no ama".

Ernesto B. Mc Nally C.


''Ámense los unos a los otros como yo los he amado''.

Cristo.


"Si el dinero hace mucho, la oración lo obtiene todo".

Don Bosco.


"El que confía en la Virgen nunca se verá defraudado".

Don Bosco.


"La superación no es cosa de la casualidad, representa la suma de todas nuestras acciones y del amor de Dios".

Ernesto B. Mc Nally C.

LIBROS RECOMENDADOS

  • DOCUMENTO CONCLUSIVO: APARECIDA. AUTOR (A): CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE.
  • LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, UN COMPROMISO PARA EL LAICO. AUTOR (A): EGLÉE ISAVA.
  • LA VIOLENCIA. AUTOR (A): BARTOLOMÉ SORGE

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EL SILENCIO CÓMPLICE

El silencio cómplice.
Por: Ernesto Mc Nally.

EL SILENCIO CÓMPLICE

Pareciera que las malas acciones son peores que las omisiones, pero no es así.

Una señora y su familia, algo perturbada, insultaba a los vecinos y todos los días los molestaba de alguna forma. Algunas personas de la comunidad preferían no decir ni hacer nada, hasta que el asunto un día pasó a más.
En la vida, los seres humanos realizan malas acciones, pero las omisiones, pueden ser tan graves como los actos, y en muchas ocasiones hasta peores.
De pronto, la actitud de algunos, en el caso de la señora que insultaba a sus vecinos, fue la del cómplice, la de la persona que ve las injusticias, pero no dice nada; y que prefiere guardar silencio, por no adoptar un compromiso con su fe, o no comprometerse con aquellos que sufren por las malas acciones de los demás. No es ésta una actitud cristiana.
Sucede muchas veces, como en los casos de violencia doméstica, cuando se dice: “En asuntos de marido y mujer yo no me meto”. Se da igualmente en diversas circunstancias, cuando se señala: “Ese no es mi problema”, “A mi no me importa”, “Que resuelva él” y se pasa indiferente frente a los problemas de la comunidad.
Se ve también en el campo de la política, cuando no se asume una postura responsable y se cae en una conducta que refleja aquello del “mínimo esfuerzo”. Se observa cuando la gente prefiere no hacer nada por un cambio, porque a fin de cuentas, “todos los políticos son iguales”.
Se llaman “pecados de omisión”, tan graves como los pecados que implican una acción de las personas, aunque no se noten; y son, en muchas formas, omisiones que se traducen en “el silencio cómplice”, que permite realizar sus fechorías a quienes practican el mal.


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