miércoles, 9 de noviembre de 2011

EL CAMPEÓN NO SE LO LLEVÓ TODO


SERGEI TIVIAKOV, LUEGO DE GANAR EL PRIMER TORNEO ABIERTO DE AJEDREZ CIUDAD DE PANAMÁ.

FOTO: ERNESTO Mc NALLY.

















El holandés Sergei Tiviakov         se coronó campeón del Primer torneo abierto de Ajedrez Ciudad de Panamá, pero no fue el único favorecido.


El neerlandés Sergei Tiviakov se llevó el primer lugar del Primer torneo abierto de ajedrez Ciudad de Panamá, al vencer al norteamericano Alejandro Ramírez, en una decisiva partida, este lunes; aunque no fue el único en terminar el certamen, con buenos resultados.

Tiviakov, un ruso nacido en 1973, en Krasnodar, y nacionalizado holandés, hizo gala de su experiencia y dominio de las situaciones de presión, a las que según el propio ajedrecista, está acostumbrado; y obtuvo siete puntos y medio, para quedar en la primera posición del certamen que se clausuró este lunes en el Centro de Convenciones Atlapa, en la capital panameña; y que aglutinó a 132 ajedrecistas de 13 países. 70 de estos jugadores eran extranjeros, incluido el hoy campeón, Sergei Tiviakov.

En una improvisada entrevista con La République, Tiviakov se refirió a la dificultad de concentración que se experimenta al ser fotografiado por la prensa, mientras se realizan las partidas, algo que le molesta. “Deben hacer la fotografía entre los 15, 30 minutos del inicio, pero no en la fase decisiva de la partida”, acotó el ajedrecista neerlandés.
El deportista holandés también se refirió a la presión, la que dice manejar, gracias a los más 20 años de experiencia de jugar ajedrez a un nivel alto. Es un hecho que la presión del juego puede afectar durante la ronda y, Tiviakov aludió a una anécdota en la que con una sola movida perdió 50 mil dólares.
El ajedrecista holandés, que juega el llamado “Deporte Ciencia”, desde los cinco años y medio, se refirió al Primer torneo abierto de ajedrez Ciudad de Panamá, al que calificó como duro. “Es un torneo fuerte, con muchos jugadores cubanos, que son más fuertes que su elo", indicó Tiviakov.


Para Sergei Tiviakov, el físico es importante. Antes y después de los torneos acostumbra las caminatas o paseos, para mantener el físico, ya que éste es sumamente importante en la partida de ajedrez, “porque una vez comienza el juego es necesario una cabeza fresca y limpia para jugar bien”, agregó Tiviakov.

Pero Tiviakov no fue el único jugador que tuvo un buen performance durante la competición, ya que el cubano Sandro Pozo obtuvo el título de gran maestro, al llegar a superar un elo de 2500. El cubano había ganado anteriormente, en su carrera como ajedrecista, los Juegos Escolares del 2000, en Cuba; y fue subcampeón nacional juvenil en el 2004. Su primera norma para el título de gran maestro la obtuvo en el 2006.Los cubanos, que estuvieron con su equipo olímpico en la justa de Panamá, fueron liderados por el gran maestro Walter Arancibia, quien se ubicó segundo en el Abierto Ciudad de Panamá, al superar al también gran maestro colombiano, Sergio Barrientos; igualmente, en la última ronda del torneo realizado en tierras panameñas.

Por su parte, Sergei Tiviakov, que ha sido campeón de Europa (2008), regresa a Holanda después del torneo escenificado en Panamá, con un premio de dos mil dólares y el primer lugar del ya finalizado Primer torneo abierto de ajedrez Ciudad de Panamá.

CITAS



"Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad".

Ef. 5, 8b-9.


"Por los caminos del mundo el divino viajero continúa haciéndose nuestro compañero".

Juan Pablo II.


¡Ay de mí si no evangelizo!

1 Cor. 9, 16.


''Ama

Sin reclamar nada, porque el amor es desinteresado.

Sin calcular desventajas, porque el amor es sacrificarse.

Sin poner condiciones, porque el amor es darse.

Sin fecha y sin espacio, porque el amor lo llena todo''.

Autor desconocido.


"El hombre ama lo que tiene, pero desconoce lo que no ama".

Ernesto B. Mc Nally C.


''Ámense los unos a los otros como yo los he amado''.

Cristo.


"Si el dinero hace mucho, la oración lo obtiene todo".

Don Bosco.


"El que confía en la Virgen nunca se verá defraudado".

Don Bosco.


"La superación no es cosa de la casualidad, representa la suma de todas nuestras acciones y del amor de Dios".

Ernesto B. Mc Nally C.

LIBROS RECOMENDADOS

  • DOCUMENTO CONCLUSIVO: APARECIDA. AUTOR (A): CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE.
  • LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, UN COMPROMISO PARA EL LAICO. AUTOR (A): EGLÉE ISAVA.
  • LA VIOLENCIA. AUTOR (A): BARTOLOMÉ SORGE

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EL SILENCIO CÓMPLICE

El silencio cómplice.
Por: Ernesto Mc Nally.

EL SILENCIO CÓMPLICE

Pareciera que las malas acciones son peores que las omisiones, pero no es así.

Una señora y su familia, algo perturbada, insultaba a los vecinos y todos los días los molestaba de alguna forma. Algunas personas de la comunidad preferían no decir ni hacer nada, hasta que el asunto un día pasó a más.
En la vida, los seres humanos realizan malas acciones, pero las omisiones, pueden ser tan graves como los actos, y en muchas ocasiones hasta peores.
De pronto, la actitud de algunos, en el caso de la señora que insultaba a sus vecinos, fue la del cómplice, la de la persona que ve las injusticias, pero no dice nada; y que prefiere guardar silencio, por no adoptar un compromiso con su fe, o no comprometerse con aquellos que sufren por las malas acciones de los demás. No es ésta una actitud cristiana.
Sucede muchas veces, como en los casos de violencia doméstica, cuando se dice: “En asuntos de marido y mujer yo no me meto”. Se da igualmente en diversas circunstancias, cuando se señala: “Ese no es mi problema”, “A mi no me importa”, “Que resuelva él” y se pasa indiferente frente a los problemas de la comunidad.
Se ve también en el campo de la política, cuando no se asume una postura responsable y se cae en una conducta que refleja aquello del “mínimo esfuerzo”. Se observa cuando la gente prefiere no hacer nada por un cambio, porque a fin de cuentas, “todos los políticos son iguales”.
Se llaman “pecados de omisión”, tan graves como los pecados que implican una acción de las personas, aunque no se noten; y son, en muchas formas, omisiones que se traducen en “el silencio cómplice”, que permite realizar sus fechorías a quienes practican el mal.


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