jueves, 16 de octubre de 2008

RECUERDO DE UN MUNDO FELIZ


Las sociedades modernas viven un conflicto. ¿Cómo llegar a la felicidad, en medio de tanta tristeza?


Aldous Huxley es el autor de la novela Un mundo feliz, que narra la vida en una sociedad del futuro, en donde todo es perfecto, de acuerdo a las enseñanzas del hombre. Sin embargo, ni siquiera en aquella comunidad "idílica", el ser humano ha sido capaz de encontrar la felicidad, sin Dios.
Se trata de un mundo feliz, pero hecho a la imagen y semejanza de quienes tienen el poder político y económico para decidir por los demás y para establecer las reglas del juego, pero a su manera.
La sociedad dibujada por Huxley, un escritor ya difunto, nacido en 1894, en Gran Bretaña, ineludiblemente transporta al lector al mundo de hoy; muy distante de la "gran felicidad" creada a partir del avance tecnológico o científico.
Las reglas de las sociedades contemporáneas, apuntan precisamente a eso. Todo es pragmatismo puro. Acá, casi se puede decir que si deseas tener un hijo con “los cabellos rubios”, “con los ojos rubios”, así como dice la canción de Rubén Blades, sólo tienes que acudir a la clínica, para que se programe, conforme a lo deseado en el pedido. Ese es el mundo feliz del que habla Huxley; y es exactamente a donde las sociedades contemporáneas aspiran a llegar.
Es un “mundo refrigerado”, de los “niños de probeta”, de las clonaciones, de los implantes mamarios, extraordinariamente grandes; de las uñas falsas, de los labios gruesos, de implantes de pompis. Todo "artificiosamente perfumado".
Se nota esta realidad en los proyectos de leyes. Es la búsqueda de una felicidad ficticia, en donde lo más importante es el placer, el relax, el consumo, el ocio, el tener. Lo demás no interesa o, sencillamente no vale nada.
Con cierta desconfianza, se busca hoy lo perfecto. El ser humano sabe en su interior, que tales aspiraciones son una utopía si se mira la realidad, cargada de incesante maldad.
Basta abrir los ojos para ver que las sociedades de hoy, muestran un convulsionar constante, precisamente, por el desenfreno; por la búsqueda de la felicidad en donde no la hay.
Por eso la única opción viable, es volver a Dios. Dios es la felicidad de la que tanto hablan los medios de comunicación social comerciales; aunque ellos casi nunca lo digan de esa manera. No es que el tener lo suficiente para llevar una vida digna sea malo, no. Lo que sucede es que la felicidad no radica en ser millonario y tener varias concubinas.
Por eso, no es con el placer, o con el poseer todas las riquezas del mundo, que el ser humano llegará a ser feliz, como se puede deducir; y la novela de Huxley, en donde todo ha de ser perfección, lleva al lector hacia esa reflexión.
La realidad en este mundo es otra. Existe una felicidad verdadera, cuando se es libre, cunado se rompen las ataduras de todo aquello que nos hace esclavos. Esa esclavitud puede ser la droga, la codicia, el sexo, la avaricia, el alcohol…Que cada cual saque sus propias conclusiones.
¿Qué tan feliz se pude ser, cuando hay tanta gente con hambre, sin empleo, y con enfermedades incurables? Con demasiada frecuencia la felicidad que se muestra en los mensajes de los medios de comunicación, conduce al individuo a la misma respuesta…
No obstante, las cosas pueden mejorar. Para el hombre y la mujer de fe, la esperanza es lo último que se pierde. ¡Ánimo!

CITAS



"Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad".

Ef. 5, 8b-9.


"Por los caminos del mundo el divino viajero continúa haciéndose nuestro compañero".

Juan Pablo II.


¡Ay de mí si no evangelizo!

1 Cor. 9, 16.


''Ama

Sin reclamar nada, porque el amor es desinteresado.

Sin calcular desventajas, porque el amor es sacrificarse.

Sin poner condiciones, porque el amor es darse.

Sin fecha y sin espacio, porque el amor lo llena todo''.

Autor desconocido.


"El hombre ama lo que tiene, pero desconoce lo que no ama".

Ernesto B. Mc Nally C.


''Ámense los unos a los otros como yo los he amado''.

Cristo.


"Si el dinero hace mucho, la oración lo obtiene todo".

Don Bosco.


"El que confía en la Virgen nunca se verá defraudado".

Don Bosco.


"La superación no es cosa de la casualidad, representa la suma de todas nuestras acciones y del amor de Dios".

Ernesto B. Mc Nally C.

LIBROS RECOMENDADOS

  • DOCUMENTO CONCLUSIVO: APARECIDA. AUTOR (A): CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE.
  • LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, UN COMPROMISO PARA EL LAICO. AUTOR (A): EGLÉE ISAVA.
  • LA VIOLENCIA. AUTOR (A): BARTOLOMÉ SORGE

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EL SILENCIO CÓMPLICE

El silencio cómplice.
Por: Ernesto Mc Nally.

EL SILENCIO CÓMPLICE

Pareciera que las malas acciones son peores que las omisiones, pero no es así.

Una señora y su familia, algo perturbada, insultaba a los vecinos y todos los días los molestaba de alguna forma. Algunas personas de la comunidad preferían no decir ni hacer nada, hasta que el asunto un día pasó a más.
En la vida, los seres humanos realizan malas acciones, pero las omisiones, pueden ser tan graves como los actos, y en muchas ocasiones hasta peores.
De pronto, la actitud de algunos, en el caso de la señora que insultaba a sus vecinos, fue la del cómplice, la de la persona que ve las injusticias, pero no dice nada; y que prefiere guardar silencio, por no adoptar un compromiso con su fe, o no comprometerse con aquellos que sufren por las malas acciones de los demás. No es ésta una actitud cristiana.
Sucede muchas veces, como en los casos de violencia doméstica, cuando se dice: “En asuntos de marido y mujer yo no me meto”. Se da igualmente en diversas circunstancias, cuando se señala: “Ese no es mi problema”, “A mi no me importa”, “Que resuelva él” y se pasa indiferente frente a los problemas de la comunidad.
Se ve también en el campo de la política, cuando no se asume una postura responsable y se cae en una conducta que refleja aquello del “mínimo esfuerzo”. Se observa cuando la gente prefiere no hacer nada por un cambio, porque a fin de cuentas, “todos los políticos son iguales”.
Se llaman “pecados de omisión”, tan graves como los pecados que implican una acción de las personas, aunque no se noten; y son, en muchas formas, omisiones que se traducen en “el silencio cómplice”, que permite realizar sus fechorías a quienes practican el mal.


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